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“...y Tangolpeados el disco que presentan en..., un paso más en develar un nuevo modo de ser del tango, definitivamente irreverente, que ya despuntaban en su primer disco...”
Fractura Expuesta (21 de mayo de 2006) |
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ULTIMA NOTICIA Bettinotti - Fernández y el tango de los antihéroes El dúo tocó en el Club del Vino presentando su segundo disco “Tangolpeados”. ----------------------------------------------------------------------- En las últimas décadas muchas cosas pasaron en la Argentina. Muchos sueños se quebraron y otros transmutaron su vigor futurista en pasado imposible. Entre estos, el imaginario de destino manifiesto que tenía este país, que arrastró consigo a la pedantería porteña de creerse los mejores del mundo. Y cierto tango, como expresión musical y estética de esto. Ese gran tango, virtuoso, orquestado, de etiqueta, con cantores machísimos, prepotentes, siempre infalibles. El tango de los campeones. Pero no quedó mucho de esa manera de la argentinidad. Todo estalló y nos caímos. Nuestro Gardel es Maradona y los códigos del guapo hoy son el aguante de la hinchada. Y encima, como tamiz que todo lo envuelve, pasó el rock. Y dentro de este, asqueado del virtuosismo sinfónico, bramó el punk salpicándolo todo. El mostrar el lado B de las cosas. La belleza de lo simple, de lo negado, de los perdedores. Ver los tachos de basura volcados y rescatar las flores que nacen de ellos. Y en vez de “Mi Buenos Aires querido” mostrar el “Buenos Aires me mata”. A esta realidad le recogieron el guante distintas propuestas de variadas expresiones artísticas y el tango no fue la excepción. El dúo de Alejandro Betinotti (piano y voz) y el bajista Hernán Fernández es una de estas búsquedas aparecidas dentro del género. Y “Tangolpeados”, el disco que presentan en el club del vino, un paso mas en develar un nuevo modo de ser del tango, definitivamente irreverente, que ya despuntaban en su primer disco.
EN VIVO |
Acompañados por Daniel Volpini en la batería y Leonardo Federico Gerssi en bandoneón, el dúo abrió con “Tramoyero viejo”, un tango cretino dedicado a Domingo Cavallo al que le siguió el corrosivo “Los porteños de Gardel”. Así, en la primera etapa mecharon temas como “El mozo”, “Acabado” y “Rezongando, rezongar”, un tema aún inédito que “habla sobre la cultura de la pura queja que tiene la sociedad”. Luego los músicos invitados dejaron al dúo como tal y en binomio de piano y bajo despuntaron con “Sudaca de cuarta” al que pegaron, en la misma sintonía, “Los cucifais”, ambos dedicados a los antihéroes locales con alma de autocrítica. Fueron también de esta parte temas como “El bondilero” y “Por cosas del amor”. Al finalizar este segmento mas despojado, se rearmó el cuarteto empezando el tramo final de la presentación. Así se fueron sucediendo tangos al palo, candombes… ¡y hasta una bizarra cornetita de cotillón manejada hábilmente por Alejandro Betinotti! (sin por ello dejar de tocar el piano) Algunos de los temas de esta parte fueron “Un tango chamuyó”, “El baile”, “paródica comedia”, los candombes “Incomunicándonos” y el intensísimo “La mitad de nuestro amor” donde el fueye de Gerssi despuntó deliciosos fraseos en clave de batucada que hicieron saltar al público. Cerraron con “cuando suena el ring” (que juran está basada en una historia real) y el bluseado “La rantifusa”, con el invicto de haber tocado solo temas propios. Queda en el ambiente la pregunta sobre quienes terminarán siendo los destinatarios de estas propuestas “respetuosamente irrespetuosas”, hijas directas de estos tiempos. Algún ortodoxo fruncirá implacable el ceño. Que es tango, que no es tango… lo de siempre. Pero quien escribe se fue pensando que hubiera pasado si a este dúo se lo hubiera encontrado en un ámbito como las viejas y libertinas “fiestas nómades”, con un Batato Barea de la gorra yirando por ahí, entre almas distorsionadas por toda la locura del rock fermentando en la cabeza, buscando una conexión mucho mas allá del correcto virtuosismo. Porque hace rato que para muchos acá no hay demasiado para alardear, en una ciudad que de la furia pasó al reviente. Crónica: Sebastián Linardi |
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